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C A P I T U L O O 3 8
El día nublado presagiaba algo, podía sentirlo en mi interior. Las nubes se arremolinaron sobre el castillo, volviéndose cada vez más pesadas y obscuras. La nueva mucama, Anne, era muy callada. Demasiado. Normalmente se limitaba a sus saludos habituales y a cumplir las órdenes con una disposición que me causaba nauseas; había intentado conocerla pero sus respuestas normalmente eran monosilábicas y, en el mejor de los casos, obtenía una disculpa educada por ser tan indiscreta. La mayoría de las veces, me preocupaba que mi padre hubiera traído una mucama nueva porque la otra había renunciado, o si la había despedido o si a estas alturas estaba aterrada de estar en la misma habitación que yo.
- Adam no llega - suspire mirando por la ventana, el sol al fin quedo oculto por las nubes negras -. ¿Qué hora es?
- Casi las seis, mi lady - respondió Anne.
- El no acostumbra retrasarse - musite. Escuche la puerta de mi habitación chillar al abrirse pero no me moleste en mirar.
- Puedes volver a tus tareas - dijo la voz mi padre, Anne probablemente hizo una reverencia y abandono la habitación.
- Elizabeth - dijo el acercándose a ella lentamente -. Necesitamos hablar.
- ¿También le has dicho a Adam que debe darme unos días a solas?
- No... Elizabeth... - mi padre se sentó a mi lado, alce la mirada y descubrí de inmediato que algo no estaba bien, su mirada estaba triste -. Adam no va a volver.
- ¿A qué te refieres?
- Escucha, hija - intento decir -, Adam...
- ¿Qué es lo que está pasando? - exigí saber.
- Lo encontraron esta mañana - explico el -, en el bosque... No pudieron salvarlo - sentí mi corazón desgarrándose, me puse de pie en un movimiento inconsciente, pronto mis mejillas estuvieron húmedas por las lagrimas.
- ¿Quién lo hizo? - pregunte con la voz quebrada y en voz muy baja.
- No lo saben. Elizabeth... Lo lamento tanto - dijo mi padre abrazándome, yo seguí derramando lagrimas pero sin emitir ruido alguno. La puerta chirrió nuevamente y esta vez, Liam entro en la habitación.
- Espero no estar interrumpiendo nada - dijo con su horrible voz. Mi padre lo miro y me soltó.
- Por supuesto que no, Liam.
- Elizabeth, ¿Sucedió algo? - quiso saber.
- Adam esta muerto - musite forzándome a que mi voz sonara firme.
- Es una pena. Sé que eran muy cercanos - lamento Liam mirándome fijamente, en ese momento pude ver en sus ojos un brillo de regocijo, intento tomar mi mano pero lo rechace -. Lamento tu perdida.
- Claro que no - le reclame con ojos húmedos.
- Era un buen muchacho - dijo el mirándome de una forma extraña. Comprendí todo al instante. Liam, quien tenía una despreciable sonrisa asomándose en sus labios.
- Si me disculpan... - musite abandonando la habitación rápidamente, limpiándome las lágrimas. Tome mi capa y le pedí al cochero que me llevara al pueblo. Las calles estaban demasiado tranquilas, en el pueblo todos conocían a Adam y evidentemente a mí.
Ordene que nos detuviéramos en el puesto de flores, cuando baje, lo encontré prácticamente vacío. La anciana señora Phillis me miro con tristeza. Tome un ramo de rosas y le pague sin decirle nada. Subí de nuevo al carruaje y le ordene que me llevara al cementerio. A estas horas, era el lugar donde debía estar.
Llegue tarde. La tierra suelta ya estaba sobre su sitio. Estaban colocando una pequeña cruz de madera, sus padres estaban ahí. Me acerque silenciosamente, manteniéndome serena. Lo que su familia menos necesitaba era que yo derramara mas lagrimas cuando ellos buscaban consuelo.
- Oh, Elizabeth... - dijo la madre de Adam abrazándome y después tomándome por las mejillas.
- Lo lamento mucho - musite tomando su mano y la del padre de Adam -. Vine tan pronto como me entere.
- No sabíamos si debíamos ir a buscarla o no - dijo su padre, el simplemente no comprendía que me desagradaba que se refirieran a mí como alguien importante pero me había cansado de repetírselo.
- Mi padre me lo dijo...
- Creo que es hora de irnos, la lluvia no tarda - dijo la mujer.
- Samuel, ¿te importaría llevarlos de vuelta al pueblo? - le pregunte al cochero.
- No es problema, señorita - respondió el con una sonrisa.
- Eso no es necesario, caminaremos - dijo el padre de Adam.
- Como usted acaba de mencionar, la lluvia no tarda en caer. Es mejor que Samuel los lleve a casa, el regresara por mi después - la pareja asintió, con la más profunda tristeza grabada en sus ojos. Ella me abrazo con fuerza.
- Sé que él te amaba con todo su corazón - me dijo mirándome a los ojos, haciendo que mi corazón temblara en su lugar -, siempre hablo de ti y de lo especial que eras para el - ella metió la mano a su canasto y tomo una bolsita de cuero -, lo mando hacer para ti e iba a dártelo esta tarde. Acababa de recogerlo cuando me dijeron que el...
- Vamos, querida - le dijo su marido tomándola por los hombros. Yo recibí el paquete y di un paso atrás dejando que ellos subieran al carruaje. Los caballos echaron a andar por el camino de vuelta, yo me quede mirando la tumba de Adam.
Saque cuidadosamente el contenido de la bolsa. Sobre la palma de mi mano, cayó un hermoso brazalete plateado. Grabado estaba J. Elizabeth, con delicadas letras, la cadena asemejaba una enredadera, una similar a la de mi torre. Las lágrimas se derramaron inevitablemente sobre la tierra suelta que cubría el lugar donde yacía mi amado. En el cielo se escucho un trueno y a los pocos segundos las gotas de lluvia comenzaron a estrellarse, confundiéndose con mis lágrimas.
- Adam... Todavía no puedo creer que me plantaras, prometiste enseñarme más sobre Edgar Allan Poe y sus excentricidades y me prometiste que esta noche estudiaríamos las constelaciones... prometiste enseñarme a Plutón porque dijiste que solo se veía unos minutos antes del amanecer - solloce -, pero sobre todo prometiste no dejarme nunca. ¿Recuerdas lo que me dijiste la noche del baile? Dijiste que tú y yo éramos de mundos diferentes pero, ¿Sabes? Tú me enseñaste que los polos opuestos siempre se atraen y eso es lo que tú y yo hacíamos siempre. Adam... Eres mi mejor amigo, siempre lo serás. Fuiste el único que siempre estuvo ahí aun cuando me volví loca y aun cuando yo creía que terminaría encerrada de por vida... - Me quede callada unos segundos, dejando que la lluvia arreciara y empapara mi cabello y mi ropa -. Te amo. Iba a decírtelo esta noche y a pedirte que escaparas conmigo... Creo que te me adelantaste pero eso no cambia nada. Te amo, Adam. Y... Sé que un día estaremos juntos, te lo prometo... - logre ponerme el brazalete por mi cuenta, jamás había hecho este simple acto -. Gracias por el brazalete. Es la cosa más hermosa que nadie me ha regalado jamás - me arrodille y enterré las rosas detrás de su cruz, lentamente comenzaron a extenderse alrededor de la cabecera, abriéndose y desprendiendo su bello aroma. Era lo menos que podía hacer.
- Siempre supe que había algo contigo - dijo a mis espaldas, haciendo que me sobresaltada y lo mirara aterrada -. Siempre supe que eras especial, por más que te negaras y por mucho que tu padre se empeñara en convencerse de lo contrario.
- ¿Qué estás haciendo aquí? - pregunte con frialdad.
- Vine a presentar mis respetos por Adam, igual que tu.
- No tienes ningún derecho - Liam se acerco a mí con su fría sonrisa.
- Eres mi esposa.
- Soy tu prometida, y no es un titulo de cual me sienta orgullosa - replique asqueada -, me repugna la idea de estar casada con un hombre que presume de ser caballero pero que ni siquiera tiene la noción de lo que eso representa.
- Es curioso que lo menciones. Dime, Elizabeth, ¿Adam cumplía con los requisitos?
- Adam era un hombre respetable, caballeroso, inteligente y bien parecido. El era todo lo que tú no eres.
- Y es por eso que te enamoraste de él... - me quede perpleja ante su declaración -. Por eso la doncella se enamoro del paje. ¿El conocía tu secreto?
- No sé de que hablas.
- Yo creo que lo sabes. Te niegas a aceptarlo, pero lo sabes. Sabes que hay poder corriendo por tus venas, llenando cada fibra de tu ser. Puedes sentir ese poder en cada latido, en cada respiración - el irrumpió en mi espacio personal, su aliento frio me golpeaba el rostro causándome calosfríos -. Sientes como te embriaga con cada emoción intensa. Puedes sentir como fluye por tu espina dorsal y por tus dedos cuando la dejas salir. Sabes que puedes hacer maravillas, Elizabeth, yo puedo enseñarte como. Los rosales son solo el comienzo de algo más grande.
- Estás equivocado, no sé de qué estás hablando.
- ¿Puedes ver esas hermosas rosas blancas que sembraste? - dijo tomando mi rostro para obligarme a mirar la tumba de Adam -. Eso fue lo que mato a Adam. Lo asesinaste en el momento en que le dijiste la verdad. Nuestra condición es algo que ningún mortal debe saber, mucho menos alguien tan insignificante como esa despreciable rata callejera - grite e hice que mi piel ardiera para liberarme de sus manos.
- ¡ADAM NO ERA UNA RATA CALLEJERA!
- Solo yo te puedo dar más de lo que puedes imaginar. Solo conmigo serás libre - rugió el intentando acercarse a mi, mas lo impedí usando un escudo -. Eres muy fuerte. Más de lo que piensas.
- Asesinaste a Adam - dije con voz cortada a causa de la furia que me embargaba, podía leerlo en su mente, podía sentir el placer que eso le causaba y la alegría que le daba verme destrozada -. Y juro por mi alma que lo vas a pagar.
- Tu alma es todo lo que necesito... - el cochero apareció en la distancia, escuche los cascos de los caballos golpear el terreno lodoso. Sentía la urgencia de gritar para que se apresurara o de correr pero mi cuerpo y mi mente no respondían a mi voluntad -. No vas a sobrevivir, eso puedes tenerlo seguro - susurro el enchinándome la piel. Después, sin más, desapareció.
- Señorita, hay que darnos prisa, su padre debe estar preocupado - dijo Samuel mirándome con preocupación, bajo y me abrió la puerta del carruaje -. Suba, volvamos al castillo para que puedan darle ropa seca.
- Gracias, Samuel - dije cuando el cerro la puerta, a los pocos segundos el carruaje se puso en marcha. Al dejar a Adam atrás, sentí como si yo también estuviera muerta.
Liam había sembrado la semilla del miedo en mi cabeza, y sus raíces ponzoñosas serian imposibles de matar, sin embargo, el odio y la furia que sentía hacia el eran suficientemente fuertes como para contrarrestar la sensación de miedo y reemplazarla por la necesidad de venganza. El brazalete era lo único que me quedaba de mi amado, e iba a cumplir mi promesa de estar con él toda la vida aunque eso fuera lo último que hiciera. Para lograrlo, Liam debía morir.
La semana continuó con su clima gélido. La lluvia se hacía presente prácticamente el día completo. Las comidas eran silenciosas, mi estado de ánimo deplorable. Deje de salir y lentamente mi piel se volvió mas pálida de lo que ya era, casi translucida. Seguía usando hermosos vestidos pero solo porque Anne no me daba privacidad hasta que lo cumpliera, seguramente por ordenes de mi padre. Ahora, mi único refugio era mi biblioteca. Me aferraba a los libros porque eran mi única fuente de información justo ahora.
- Lord Bennett y su mujer han organizado un baile de beneficencia la semana que viene, quieren que tu y Liam sean sus invitados de honor - dijo mi padre clavando su mirada en mí, me limite a seguir cortando mi carne.
- ¿Liam y yo?
- Están comprometidos, van a casarse pronto y todos quieren ver lo felices que son juntos - baje mi tenedor y lo mire incrédula.
- ¿Lo felices que somos? Padre, Liam es repugnante. ¿Siquiera has visto la forma en que me trata? Soy un trofeo para él.
- Liam te ama, puedo verlo en sus ojos.
- Entonces, padre, necesitas que un doctor venga a visitarte porque estas bastante alejado de la realidad. Liam es el hombre más frio y calculador que he conocido, me mira como si fuera una especie de premio que tiene que ganar, me mira como el cazador mira al ciervo en el bosque.
- Elizabeth...
- Tú arreglaste este matrimonio, padre, para mantener nuestro prestigio en la sociedad. Pero honestamente eso a mí me importa un comino.
- Elizabeth, ese muchacho te conviene.
- ¡Ese monstruo asesino a Adam! - exclame, me cubrí la boca al instante, mi padre me miro perplejo.
- Elizabeth...
- Yo amaba a Adam... - susurre con lagrimas en los ojos -. En cuanto me dijiste que ese muchacho de mirada tierna y que cargaba sus libros en un morral de piel seria mi tutor... Sentí hacia él un cariño especial, algo paso esa tarde, padre. El me enseño el mundo entero y yo me enamore de él. Iba a decírselo esa tarde, padre. Adam era importante para mí y ahora se ha ido. Intenta convencerme de que fue lo mejor. Dime que lo que sentía no era amor y entonces desposare a Liam sin poner resistencia. Dime que estas lagrimas son por lastima y no porque tenga el corazón hecho pedazos... - solloce, mi padre me miraba con el rostro crispado, sabía que estaba haciéndole sentir todo mi dolor pero no tenía fuerzas para controlarme y guardarme todo mi poder -. Te suplico que me des un motivo para no llorar y continuar con mi compromiso.
- Escucha, cariño - un escalofrío me recorrió al escucharlo llamarme así -, sé que esto está siendo difícil. Pero debes de quedarte con Liam. Es un buen hombre, solo debes darle tiempo y paciencia. El va a cuidar muy bien de ti, de eso no tengo duda.
- Discúlpame, he perdido el apetito - dije dejando la servilleta sobre la mesa y abandonando mi lugar.
Mis pasos resonaban en la habitación, no sabía que estaba pasando con mi padre, algo lo había convencido de que Liam era la persona ideal aun cuando yo había dejado que mis sentimientos se colaran en su cuerpo y mente. Comencé a caminar en dirección a la biblioteca y en cuanto llegue a la puerta lo comprendí todo. Mi padre no era capaz de hacer esa conclusión tan precipitadamente. Si yo podía poner mis sentimientos en alguien más, entonces Liam debía ser capaz de hacer lo mismo con sus ideas. Había estado envenenando la mente de mi padre por Dios sabia cuanto y yo no había podido verlo hasta esta tarde. Alguien me tomo por la espalda y cubrió mi boca para que yo no pudiera gritar. Me arrastro hasta el pasillo y una vez que quedamos ocultos me soltó. Anne me miraba con sus ojos azules llenos de miedo.
- Escúcheme, señorita, tiene que poner atención, esto es importante - susurro.
- Anne, ¿Qué...?
- Tiene que salir del castillo inmediatamente - me dijo con seriedad -. Vaya a su habitación y tome lo más esencial.
- Anne, ¿de qué estás hablando? ¿P-Porque debería dejar mi hogar?
- Se lo explicare todo cuando hayamos dejado este lugar. Por favor, señorita, vaya a su habitación, no diga nada a nadie. Tome sus cosas y la estaré esperando en la cocina en veinte minutos.
- Anne...
- Por favor, confía en mí - me pidió, automáticamente se apodero de mi una sensación de confianza ciega. Asentí y ella echo a correr por el pasillo en dirección al jardín central.
Aturdida, camine de vuelta a mi torre. Ni siquiera sabía donde debía poner mis cosas. Jamás había hecho alguna de esas tareas, eran deberes que las mucamas tenían que hacer. Sobre la cama encontré una gran bolsa de tela grisácea y manchada por humedad. Alguien la había colocado ahí para mí. Al mirar el espacio que la bolsa suponía, comprendí que no podría llevar mucha ropa conmigo. Anne hablaba en serio sobre llevar lo esencial.
Tome los libros más importantes que mantenía escondidos entre mi ropa. Tome mi cepillo, mi espejo, algunas joyas y después me quede plantada frente a mi armario sin saber cómo iba a meter un vestido en esa pequeña bolsa. Suspire y tome mi capa de viaje, la doble y la metí a la bolsa. Después me quede mirando mi buro, había algo que no pertenecía al conjunto y eso era el anillo de Adam. Lo mire fijamente antes de tomarlo. Después, con mucho cuidado lo coloque en la palma de mi mano. Era lo único que me quedaba de Adam además del brazalete que me había obsequiado. Comprendí que habían pasado quince minutos de los veinte que Anne me había dado, de modo que tome la maleta y baje las escaleras sin mirar atrás y sin dejar alguna nota explicando los motivos de mi ausencia. Mi corazón me decía que solo así mantendría seguro a mi padre.
Camine sigilosamente, cuidando que nadie me escuchara ni me viera al pasar. Tome el camino que conducía a la cocina, uno que nunca había recorrido. Y al bajar las escaleras me encontré con la puerta de madera que correspondía a esa habitación. Anne estaba ahí, platicando con el cocinero, ambos me miraron cuando la puerta chirrió al abrirla. Yo no supe que era lo que debía decir.
- Justo a tiempo - dijo Anne fingiendo una sonrisa. Note que sobre la enorme mesa había otra bolsa igual a la mía, ella le susurro algo al cocinero. Y el asintió.
- ¿Vas a decirme que está sucediendo? - pregunte.
- Le explicare todo cuando estemos en un lugar seguro.
- ¿De qué estás hablando?
- Tenemos que sacarla de aquí antes de que... - la puerta se abrió en ese instante. Otra mucama, cuyo nombre era Marianne apareció con una expresión de horror en el rostro.
- El está aquí. Tienes que sacarla del castillo - dijo Marianne apresuradamente. Anne me tomo de la mano, tomo su maleta y me arrastro hacia el fondo de la cocina.
- ¿A dónde me llevas? - pregunte mirando hacia la puerta de la cocina que Marianne había cerrado. Anne no respondió. El cocinero corrió hasta adelantarnos y tiro de un candelabro de pared con fuerza, abriendo una puerta al fondo de la chimenea, mire la salida perpleja -. ¿Que...?
- Entre, señorita, rápido - apremio el cocinero -. Va a estar a salvo.
- Recuerda el plan - le dijo Anne en un susurro -. Es lo único que nos queda.
- Ten cuidado, Annie - le dijo el cocinero dándole un último abrazo antes de que nos metiéramos en aquel obscuro túnel. Apenas estuvimos dentro, la puerta se cerró. Una luz se encendió cerca, flotaba frente a nosotras. No pude decir nada, Anne comenzó a caminar y yo no tuve más remedio que seguirla. Nuestros pasos hacían eco en el pasillo.
- Este túnel fue creado desde la construcción del castillo - me dijo con voz calmada -, está diseñado para un escape en caso de una invasión.
- ¿Cómo sabias del túnel?
- Todos los castillos lo tienen, solo hay que saber dónde encontrarlo. Lo más lógico es que este en la parte más baja pues debe ser subterráneo. Solo unos cuantos conocen la entrada, aquellos que son responsables de la seguridad de sus amos.
- ¿Por qué me sacaste?
- Liam no va a detenerse hasta que haya terminado contigo. Eso implica romper cualquier regla para lograrlo. Su matrimonio era para eso precisamente.
- ¿Por qué hoy?
- Recibimos un soplo de que intentaría asesinarte esta tarde. No podíamos dejar que eso pasara - asentí y continuamos nuestra caminata por el túnel. Toda la situación me parecía irreal, sin embargo, la pequeña y brillante luz me parecía muy interesante.
- Es una esfera de energía - dijo ella sin mirarme, adivine que me había sorprendido mirando anonadada la luz -, son muy útiles cuando estás en situaciones como la nuestra.
- Creí que eras una mucama silenciosa.
- Debía mantenerte a salvo, y eso implicaba no decirte absolutamente nada sobre quién era yo o lo que podía hacer.
- ¿A dónde vas a llevarme?
- A un lugar seguro - dijo ella a secas. No me atreví a preguntarle nada más.
Caminamos por lo que me pareció una eternidad, hasta que la lucecilla al fin se detuvo. Anne me pidió que sostuviera su bolsa mientras ella movía una enorme piedra usando su mente. La luz del día me deslumbro y me tomo unos segundos recuperar la vista. Estábamos en las afueras del pueblo, justo en el lindero del bosque. Había una pequeña cabaña unos metros mas allá, sobre una colina. De la chimenea salía humo. Salí del túnel y Anne coloco la piedra de vuelta en su sitio. Después me precedió hasta la casita.
Liam bajo del carruaje sin mirar a nadie. Espero de mala gana a que anunciaran su llegada. El aroma del pavo horneado le llegaba desde el gran comedor. El mayordomo lo precedió hasta el sitio donde se encontraba el Conde, parecía preocupado, sumido en sus pensamientos. Alzo la mirada en cuanto el mayordomo abrió la puerta y dejo pasar a Liam.
- Liam, que sorpresa verte. Creí que nos encontraríamos hasta mañana - dijo el Conde dándole la bienvenida al muchacho.
- Mi preocupación por Elizabeth es bastante grande. No he tenido noticias de ella en una semana y quería verla para asegurarme de que está a salvo - dijo Liam causándole ternura al Conde.
- Es muy considerado de tu parte. Ella no ha salido ni al jardín en días.
- ¿Puedo saber dónde encontrarla?
- Seguramente estará en su habitación mirando por la ventana, es lo único que hace últimamente. Te acompañare, de ese modo ella no podrá cerrarte la puerta en las narices - dijo el Conde mientras salían del comedor. Caminaron en silencio por el castillo. Todo estaba demasiado silencioso, inquietantemente tranquilo. Liam sabía que estaba faltando algo y que había un rastro de tensión en los pasillos. Subieron las escaleras de la torre y después el Conde toco tres veces a la puerta de Elizabeth -. Elizabeth, cariño, Liam ha venido a verte... - no hubo respuesta -. Sé que estas deprimida pero él ha venido de lejos a visitarte, debes recibirlo.
- ¿Ella está bien? - pregunto Liam.
- Debe haberse quedado dormida - dijo el Conde empujando la puerta. La habitación estaba vacía -. ¿Elizabeth? - bajaron las escaleras, el conde llamaba a gritos a alguno de sus sirvientes preguntando si alguien había visto a su hija, nadie conocía la respuesta. Liam lo comprendió entonces. No podía sentir a Elizabeth porque ella había abandonado el castillo para siempre.
CAPITULO 38! Me parece que ya tengo el final y van a salir cerca de 45 capitulos en total. De modo que... No se, me estaba preguntando si desean que haga otra historia. Obviamente cambiarian muchas cosas, empezando por el numero de capitulos para qe no se les haga tan tediosa. Espero que puedan dejar su opinion en los comentarios. No dejen de votar, comentar y recomendar :) Un beso
Peace, love, rock&roll,
Polii*




















