pleaѕe... leт мe ιnтo yoυr нearт

pleaѕe... leт мe ιnтo yoυr нearт

"¿Perderte de nuevo? No, no puedo permitirme una locura como esa. Solo tienes que escucharme... Esto es magia verdadera".- Joe

@Please Let Me Into Your Heart...

O38 {2}

C A P I T U L O      O 3 8


El día nublado presagiaba algo, podía sentirlo en mi interior. Las nubes se arremolinaron sobre el castillo, volviéndose cada vez más pesadas y obscuras. La nueva mucama, Anne, era muy callada. Demasiado. Normalmente se limitaba a sus saludos habituales y a cumplir las órdenes con una disposición que me causaba nauseas; había intentado conocerla pero sus respuestas normalmente eran monosilábicas y, en el mejor de los casos, obtenía una disculpa educada por ser tan indiscreta. La mayoría de las veces, me preocupaba que mi padre hubiera traído una mucama nueva porque la otra había renunciado, o si la había despedido o si a estas alturas estaba aterrada de estar en la misma habitación que yo.

-     Adam no llega - suspire mirando por la ventana, el sol al fin quedo oculto por las nubes negras -. ¿Qué hora es?
-    Casi las seis, mi lady - respondió Anne.
-    El no acostumbra retrasarse - musite. Escuche la puerta de mi habitación chillar al abrirse pero no me moleste en mirar.
-    Puedes volver a tus tareas - dijo la voz  mi padre, Anne probablemente hizo una reverencia y abandono la habitación.
-    Elizabeth - dijo el acercándose a ella lentamente -. Necesitamos hablar.
-    ¿También le has dicho a Adam que debe darme unos días a solas?
-    No... Elizabeth... - mi padre se sentó a mi lado, alce la mirada y descubrí de inmediato que algo no estaba bien, su mirada estaba triste -. Adam no va a volver.
-    ¿A qué te refieres?
-    Escucha, hija - intento decir -, Adam...
-    ¿Qué es lo que está pasando? - exigí saber.
-    Lo encontraron esta mañana - explico el -, en el bosque... No pudieron salvarlo - sentí mi corazón desgarrándose, me puse de pie en un movimiento inconsciente, pronto mis mejillas estuvieron húmedas por las lagrimas.
-    ¿Quién lo hizo? - pregunte con la voz quebrada y en voz muy baja.
-    No lo saben. Elizabeth... Lo lamento tanto - dijo mi padre abrazándome, yo seguí derramando lagrimas pero sin emitir ruido alguno. La puerta chirrió nuevamente y esta vez, Liam entro en la habitación.
-    Espero no estar interrumpiendo nada - dijo con su horrible voz. Mi padre lo miro y me soltó.
-    Por supuesto que no, Liam.
-    Elizabeth, ¿Sucedió algo? - quiso saber.
-    Adam esta muerto - musite forzándome a que mi voz sonara firme.
-    Es una pena. Sé que eran muy cercanos - lamento Liam mirándome fijamente, en ese momento pude ver en sus ojos un brillo de regocijo, intento tomar mi mano pero lo rechace -. Lamento tu perdida.
-    Claro que no - le reclame con ojos húmedos.
-    Era un buen muchacho - dijo el mirándome de una forma extraña. Comprendí todo al instante. Liam, quien tenía una despreciable sonrisa asomándose en sus labios.
-    Si me disculpan... - musite abandonando la habitación rápidamente, limpiándome las lágrimas. Tome mi capa y le pedí al cochero que me llevara al pueblo. Las calles estaban demasiado tranquilas, en el pueblo todos conocían a Adam y evidentemente a mí.

Ordene que nos detuviéramos en el puesto de flores, cuando baje, lo encontré prácticamente vacío. La anciana señora Phillis me miro con tristeza. Tome un ramo de rosas y le pague sin decirle nada. Subí de nuevo al carruaje y le ordene que me llevara al cementerio. A estas horas, era el lugar donde debía estar.

Llegue tarde. La tierra suelta ya estaba sobre su sitio. Estaban colocando una pequeña cruz de madera, sus padres estaban ahí. Me acerque silenciosamente, manteniéndome serena. Lo que su familia menos necesitaba era que yo derramara mas lagrimas cuando ellos buscaban consuelo.

-     Oh, Elizabeth... - dijo la madre de Adam abrazándome y después tomándome por las mejillas.
-    Lo lamento mucho - musite tomando su mano y la del padre de Adam -. Vine tan pronto como me entere.
-    No sabíamos si debíamos ir a buscarla o no - dijo su padre, el simplemente no comprendía que me desagradaba que se refirieran a mí como alguien importante pero me había cansado de repetírselo.
-    Mi padre me lo dijo...
-    Creo que es hora de irnos, la lluvia no tarda - dijo la mujer.
-    Samuel, ¿te importaría llevarlos de vuelta al pueblo? - le pregunte al cochero.
-    No es problema, señorita - respondió el con una sonrisa.
-    Eso no es necesario, caminaremos - dijo el padre de Adam.
-    Como usted acaba de mencionar, la lluvia no tarda en caer. Es mejor que Samuel los lleve a casa, el regresara por mi después - la pareja asintió, con la más profunda tristeza grabada en sus ojos. Ella me abrazo con fuerza.
-    Sé que él te amaba con todo su corazón - me dijo mirándome a los ojos, haciendo que mi corazón temblara en su lugar -, siempre hablo de ti y de lo especial que eras para el - ella metió la mano a su canasto y tomo una bolsita de cuero -, lo mando hacer para ti e iba a dártelo esta tarde. Acababa de recogerlo cuando me dijeron que el...
-    Vamos, querida - le dijo su marido tomándola por los hombros. Yo recibí el paquete y di un paso atrás dejando que ellos subieran al carruaje. Los caballos echaron a andar por el camino de vuelta, yo me quede mirando la tumba de Adam.

Saque cuidadosamente el contenido de la bolsa. Sobre la palma de mi mano, cayó un hermoso brazalete plateado. Grabado estaba J. Elizabeth, con delicadas letras, la cadena asemejaba una enredadera, una similar a la de mi torre. Las lágrimas se derramaron inevitablemente sobre la tierra suelta que cubría el lugar donde yacía mi amado. En el cielo se escucho un trueno y a los pocos segundos las gotas de lluvia comenzaron a estrellarse, confundiéndose con mis lágrimas.

-     Adam... Todavía no puedo creer que me plantaras, prometiste enseñarme más sobre Edgar Allan Poe y sus excentricidades y me prometiste que esta noche estudiaríamos las constelaciones... prometiste enseñarme a Plutón porque dijiste que solo se veía unos minutos antes del amanecer - solloce -, pero sobre todo prometiste no dejarme nunca. ¿Recuerdas lo que me dijiste la noche del baile? Dijiste que tú y yo éramos de mundos diferentes pero, ¿Sabes? Tú me enseñaste que los polos opuestos siempre se atraen y eso es lo que tú y yo hacíamos siempre. Adam... Eres mi mejor amigo, siempre lo serás. Fuiste el único que siempre estuvo ahí aun cuando me volví loca y aun cuando yo creía que terminaría encerrada de por vida... - Me quede callada unos segundos, dejando que la lluvia arreciara y empapara mi cabello y mi ropa -. Te amo. Iba a decírtelo esta noche y a pedirte que escaparas conmigo... Creo que te me adelantaste pero eso no cambia nada. Te amo, Adam. Y... Sé que un día estaremos juntos, te lo prometo... - logre ponerme el brazalete por mi cuenta, jamás había hecho este simple acto -. Gracias por el brazalete. Es la cosa más hermosa que nadie me ha regalado jamás - me arrodille y enterré las rosas detrás de su cruz, lentamente comenzaron a extenderse alrededor de la cabecera, abriéndose y desprendiendo su bello aroma. Era lo menos que podía hacer.
-    Siempre supe que había algo contigo - dijo a mis espaldas, haciendo que me sobresaltada y lo mirara aterrada -. Siempre supe que eras especial, por más que te negaras y por mucho que tu padre se empeñara en convencerse de lo contrario.
-    ¿Qué estás haciendo aquí? - pregunte con frialdad.
-    Vine a presentar mis respetos por Adam, igual que tu.
-    No tienes ningún derecho - Liam se acerco a mí con su fría sonrisa.
-    Eres mi esposa.
-    Soy tu prometida, y no es un titulo de cual me sienta orgullosa - replique asqueada -, me repugna la idea de estar casada con un hombre que presume de ser caballero pero que ni siquiera tiene la noción de lo que eso representa.
-    Es curioso que lo menciones. Dime, Elizabeth, ¿Adam cumplía con los requisitos?
-    Adam era un hombre respetable, caballeroso, inteligente y bien parecido. El era todo lo que tú no eres.
-    Y es por eso que te enamoraste de él... - me quede  perpleja ante su declaración -. Por eso la doncella se enamoro del paje. ¿El conocía tu secreto?
-    No sé de que hablas.
-    Yo creo que lo sabes. Te niegas a aceptarlo, pero lo sabes. Sabes que hay poder corriendo por tus venas, llenando cada fibra de tu ser. Puedes sentir ese poder en cada latido, en cada respiración - el irrumpió en mi espacio personal, su aliento frio me golpeaba el rostro causándome calosfríos -. Sientes como te embriaga con cada emoción intensa. Puedes sentir como fluye por tu espina dorsal y por tus dedos cuando la dejas salir. Sabes que puedes hacer maravillas, Elizabeth, yo puedo enseñarte como. Los rosales son solo el comienzo de algo más grande.
-    Estás equivocado, no sé de qué estás hablando.
-    ¿Puedes ver esas hermosas rosas blancas que sembraste? - dijo tomando mi rostro para obligarme a mirar la tumba de Adam -. Eso fue lo que mato a Adam. Lo asesinaste en el momento en que le dijiste la verdad. Nuestra condición es algo que ningún mortal debe saber, mucho menos alguien tan insignificante como esa despreciable rata callejera - grite e hice que mi piel ardiera para liberarme de sus manos.
-    ¡ADAM NO ERA UNA RATA CALLEJERA!
-    Solo yo te puedo dar más de lo que puedes imaginar. Solo conmigo serás libre - rugió el intentando acercarse a mi, mas lo impedí usando un escudo -. Eres muy fuerte. Más de lo que piensas.
-    Asesinaste a Adam - dije con voz cortada a causa de la furia que me embargaba, podía leerlo en su mente, podía sentir el placer que eso le causaba y la alegría que le daba verme destrozada -. Y juro por mi alma que lo vas a pagar.
-    Tu alma es todo lo que necesito... - el cochero apareció en la distancia, escuche los cascos de los caballos golpear el terreno lodoso. Sentía la urgencia de gritar para que se apresurara o de correr pero mi cuerpo y mi mente no respondían a mi voluntad -. No vas a sobrevivir, eso puedes tenerlo seguro - susurro el enchinándome la piel. Después, sin más, desapareció.
-    Señorita, hay que darnos prisa, su padre debe estar preocupado - dijo Samuel mirándome con preocupación, bajo y me abrió la puerta del carruaje -. Suba, volvamos al castillo para que puedan darle ropa seca.
-    Gracias, Samuel - dije cuando el cerro la puerta, a los pocos segundos el carruaje se puso en marcha. Al dejar a Adam atrás, sentí como si yo también estuviera muerta.

Liam había sembrado la semilla del miedo en mi cabeza, y sus raíces ponzoñosas serian imposibles de matar, sin embargo, el odio y la furia que sentía hacia el eran suficientemente fuertes como para contrarrestar la sensación de miedo y reemplazarla por la necesidad de venganza. El brazalete era lo único que me quedaba de mi amado, e iba a cumplir mi promesa de estar con él toda la vida aunque eso fuera lo último que hiciera. Para lograrlo, Liam debía morir.

La semana continuó con su clima gélido. La lluvia se hacía presente prácticamente el día completo. Las comidas eran silenciosas, mi estado de ánimo deplorable. Deje de salir y lentamente mi piel se volvió mas pálida de lo que ya era, casi translucida. Seguía usando hermosos vestidos pero solo porque Anne no me daba privacidad hasta que lo cumpliera, seguramente por ordenes de mi padre. Ahora, mi único refugio era mi biblioteca. Me aferraba a los libros porque eran mi única fuente de información justo ahora.

-     Lord Bennett y su mujer han organizado un baile de beneficencia la semana que viene, quieren que tu y Liam sean sus invitados de honor - dijo mi padre clavando su mirada en mí, me limite a seguir cortando mi carne.
-     ¿Liam y yo?
-    Están comprometidos, van a casarse pronto y todos quieren ver lo felices que son juntos - baje mi tenedor y lo mire incrédula.
-    ¿Lo felices que somos? Padre, Liam es repugnante. ¿Siquiera has visto la forma en que me trata? Soy un trofeo para él.
-    Liam te ama, puedo verlo en sus ojos.
-    Entonces, padre, necesitas que un doctor venga a visitarte porque estas bastante alejado de la realidad. Liam es el hombre más frio y calculador que he conocido, me mira como si fuera una especie de premio que tiene que ganar, me mira como el cazador mira al ciervo en el bosque.
-    Elizabeth...
-    Tú arreglaste este matrimonio, padre, para mantener nuestro prestigio en la sociedad. Pero honestamente eso a mí me importa un comino.
-    Elizabeth, ese muchacho te conviene.
-    ¡Ese monstruo asesino a Adam! - exclame, me cubrí la boca al instante, mi padre me miro perplejo.
-    Elizabeth...
-    Yo amaba a Adam... - susurre con lagrimas en los ojos -. En cuanto me dijiste que ese muchacho de mirada tierna y que cargaba sus libros en un morral de piel seria mi tutor... Sentí hacia él un cariño especial, algo paso esa tarde, padre. El me enseño el mundo entero y yo me enamore de él. Iba a decírselo esa tarde, padre. Adam era importante para mí y ahora se ha ido. Intenta convencerme de que fue lo mejor. Dime que lo que sentía no era amor y entonces desposare a Liam sin poner resistencia. Dime que estas lagrimas son por lastima y no porque tenga el corazón hecho pedazos... - solloce, mi padre me miraba con el rostro crispado, sabía que estaba haciéndole sentir todo mi dolor pero no tenía fuerzas para controlarme y guardarme todo mi poder -. Te suplico que me des un motivo para no llorar y continuar con mi compromiso.
-    Escucha, cariño - un escalofrío me recorrió al escucharlo llamarme así -, sé que esto está siendo difícil. Pero debes de quedarte con Liam. Es un buen hombre, solo debes darle tiempo y paciencia. El va a cuidar muy bien de ti, de eso no tengo duda.
-    Discúlpame, he perdido el apetito - dije dejando la servilleta sobre la mesa y abandonando mi lugar.

Mis pasos resonaban en la habitación, no sabía que estaba pasando con mi padre, algo lo había convencido de que Liam era la persona ideal aun cuando yo había dejado que mis sentimientos se colaran en su cuerpo y mente. Comencé a caminar en dirección a la biblioteca y en cuanto llegue a la puerta lo comprendí todo. Mi padre no era capaz de hacer esa conclusión tan precipitadamente. Si yo podía poner mis sentimientos en alguien más, entonces Liam debía ser capaz de hacer lo mismo con sus ideas. Había estado envenenando la mente de mi padre por Dios sabia cuanto y yo no había podido verlo hasta esta tarde. Alguien me tomo por la espalda y cubrió mi boca para que yo no pudiera gritar. Me arrastro hasta el pasillo y una vez que quedamos ocultos me soltó. Anne me miraba con sus ojos azules llenos de miedo.

-    Escúcheme, señorita, tiene que poner atención, esto es importante - susurro.
-    Anne, ¿Qué...?
-    Tiene que salir del castillo inmediatamente - me dijo con seriedad -. Vaya a su habitación y tome lo más esencial.
-    Anne, ¿de qué estás hablando? ¿P-Porque debería dejar mi hogar?
-    Se lo explicare todo cuando hayamos dejado este lugar. Por favor, señorita, vaya a su habitación, no diga nada a nadie. Tome sus cosas y la estaré esperando en la cocina en veinte minutos.
-    Anne...
-    Por favor, confía en mí - me pidió, automáticamente se apodero de mi una sensación de confianza ciega. Asentí y ella echo a correr por el pasillo en dirección al jardín central.

Aturdida, camine de vuelta a mi torre. Ni siquiera sabía donde debía poner mis cosas. Jamás había hecho alguna de esas tareas, eran deberes que las mucamas tenían que hacer. Sobre la cama encontré una gran bolsa de tela grisácea y manchada por humedad. Alguien la había colocado ahí para mí. Al mirar el espacio que la bolsa suponía, comprendí que no podría llevar mucha ropa conmigo. Anne hablaba en serio sobre llevar lo esencial.

Tome los libros más importantes que mantenía escondidos entre mi ropa. Tome mi cepillo, mi espejo, algunas joyas y después me quede plantada frente a mi armario sin saber cómo iba a meter un vestido en esa pequeña bolsa. Suspire y tome mi capa de viaje, la doble y la metí a la bolsa. Después me quede mirando mi buro, había algo que no pertenecía al conjunto y eso era el anillo de Adam. Lo mire fijamente antes de tomarlo. Después, con mucho cuidado lo coloque en la palma de mi mano. Era lo único que me quedaba de Adam además del brazalete que me había obsequiado. Comprendí que habían pasado quince minutos de los veinte que Anne me había dado, de modo que tome la maleta y baje las escaleras sin mirar atrás y sin dejar alguna nota explicando los motivos de mi ausencia. Mi corazón me decía que solo así mantendría seguro a mi padre.

Camine sigilosamente, cuidando que nadie me escuchara ni me viera al pasar. Tome el camino que conducía a la cocina, uno que nunca había recorrido. Y al bajar las escaleras me encontré con la puerta de madera que correspondía a esa habitación. Anne estaba ahí, platicando con el cocinero, ambos me miraron cuando la puerta chirrió al abrirla. Yo no supe que era lo que debía decir.

-     Justo a tiempo - dijo Anne fingiendo una sonrisa. Note que sobre la enorme mesa había otra bolsa igual a la mía, ella le susurro algo al cocinero. Y el asintió.
-    ¿Vas a decirme que está sucediendo? - pregunte.
-    Le explicare todo cuando estemos en un lugar seguro.
-    ¿De qué estás hablando?
-    Tenemos que sacarla de aquí antes de que... - la puerta se abrió en ese instante. Otra mucama, cuyo nombre era Marianne apareció con una expresión de horror en el rostro.
-    El está aquí. Tienes que sacarla del castillo - dijo Marianne apresuradamente. Anne me tomo de la mano, tomo su maleta y me arrastro hacia el fondo de la cocina.
-    ¿A dónde me llevas? - pregunte mirando hacia la puerta de la cocina que Marianne había cerrado. Anne no respondió. El cocinero corrió hasta adelantarnos y tiro de un candelabro de pared con fuerza, abriendo una puerta al fondo de la chimenea, mire la salida perpleja -. ¿Que...?
-    Entre, señorita, rápido - apremio el cocinero -. Va a estar a salvo.
-    Recuerda el plan - le dijo Anne en un susurro -. Es lo único que nos queda.
-    Ten cuidado, Annie - le dijo el cocinero dándole un último abrazo antes de que nos metiéramos en aquel obscuro túnel. Apenas estuvimos dentro, la puerta se cerró. Una luz se encendió cerca, flotaba frente a nosotras. No pude decir nada, Anne comenzó a caminar y yo no tuve más remedio que seguirla. Nuestros pasos hacían eco en el pasillo.
-    Este túnel fue creado desde la construcción del castillo - me dijo con voz calmada -, está diseñado para un escape en caso de una invasión.
-    ¿Cómo sabias del túnel?
-    Todos los castillos lo tienen, solo hay que saber dónde encontrarlo. Lo más lógico es que este en la parte más baja pues debe ser subterráneo. Solo unos cuantos conocen la entrada, aquellos que son responsables de la seguridad de sus amos.
-    ¿Por qué me sacaste?
-    Liam no va a detenerse hasta que haya terminado contigo. Eso implica romper cualquier regla para lograrlo. Su matrimonio era para eso precisamente.
-    ¿Por qué hoy?
-    Recibimos un soplo de que intentaría asesinarte esta tarde. No podíamos dejar que eso pasara - asentí y continuamos nuestra caminata por el túnel. Toda la situación me parecía irreal, sin embargo, la pequeña y brillante luz me parecía muy interesante.
-    Es una esfera de energía - dijo ella sin mirarme, adivine que me había sorprendido mirando anonadada la luz -, son muy útiles cuando estás en situaciones como la nuestra.
-    Creí que eras una mucama silenciosa.
-    Debía mantenerte a salvo, y eso implicaba no decirte absolutamente nada sobre quién era yo o lo que podía hacer.
-    ¿A dónde vas a llevarme?
-    A un lugar seguro - dijo ella a secas. No me atreví a preguntarle nada más.

Caminamos por lo que me pareció una eternidad, hasta que la lucecilla al fin se detuvo. Anne me pidió que sostuviera su bolsa mientras ella movía una enorme piedra usando su mente. La luz del día me deslumbro y me tomo unos segundos recuperar la vista. Estábamos en las afueras del pueblo, justo en el lindero del bosque. Había una pequeña cabaña unos metros mas allá, sobre una colina. De la chimenea salía humo. Salí del túnel y Anne coloco la piedra de vuelta en su sitio. Después me precedió hasta la casita.

Liam bajo del carruaje sin mirar a nadie. Espero de mala gana a que anunciaran su llegada. El aroma del pavo horneado le llegaba desde el gran comedor. El mayordomo lo precedió hasta el sitio donde se encontraba el Conde, parecía preocupado, sumido en sus pensamientos. Alzo la mirada en cuanto el mayordomo abrió la puerta y dejo pasar a Liam.


-     Liam, que sorpresa verte. Creí que nos encontraríamos hasta mañana - dijo el Conde dándole la bienvenida al muchacho.
-    Mi preocupación por Elizabeth es bastante grande. No he tenido noticias de ella en una semana y quería verla para asegurarme de que está a salvo - dijo Liam causándole ternura al Conde.
-    Es muy considerado de tu parte. Ella no ha salido ni al jardín en días.
-    ¿Puedo saber dónde encontrarla?
-    Seguramente estará en su habitación mirando por la ventana, es lo único que hace últimamente. Te acompañare, de ese modo ella no podrá cerrarte la puerta en las narices - dijo el Conde mientras salían del comedor. Caminaron en silencio por el castillo. Todo estaba demasiado silencioso, inquietantemente tranquilo. Liam sabía que estaba faltando algo y que había un rastro de tensión en los pasillos. Subieron las escaleras de la torre y después el Conde toco tres veces a la puerta de Elizabeth -. Elizabeth, cariño, Liam ha venido a verte... - no hubo respuesta -. Sé que estas deprimida pero él ha venido de lejos a visitarte, debes recibirlo.
-    ¿Ella está bien? - pregunto Liam.
-    Debe haberse quedado dormida - dijo el Conde empujando la puerta. La habitación estaba vacía -. ¿Elizabeth? - bajaron las escaleras, el conde llamaba a gritos a alguno de sus sirvientes preguntando si alguien había visto a su hija, nadie conocía la respuesta. Liam lo comprendió entonces. No podía sentir a Elizabeth porque ella había abandonado el castillo para siempre.

 

 

CAPITULO 38! Me parece que ya tengo el final y van a salir cerca de 45 capitulos en total. De modo que... No se, me estaba preguntando si desean que haga otra historia. Obviamente cambiarian muchas cosas, empezando por el numero de capitulos para qe no se les haga tan tediosa. Espero que puedan dejar su opinion en los comentarios. No dejen de votar, comentar y recomendar :) Un beso

 

Peace, love, rock&roll,

Polii*

O37 {2}

C A P I T U L O      O 3 7


Fue una noche muy larga. Después del incidente en el jardín, Julie decidió que lo mejor era marcharse. Yurani acepto la idea con singular alegría. Ni siquiera tuvo ánimos para pedirle a Assia y a Laura que hicieran el procedimiento en ese mismo instante, además estaba muy débil. Se pregunto qué estaría haciendo Joe en ese instante, se pregunto si la extrañaba, si pensaba en ella... Marco su número pero lo único que escucho fue su mensaje de voz, señal de que él había rechazado su llamada otra vez. Sabía que había cometido un error al no haberlo dejado entrar después de tanto tiempo pero se sentía indefensa y confundida, no estaba segura de cual debía ser el siguiente paso...

Camino hacia el centro y entro en un pequeño restaurante. Ocupo una mesa vacía y pidió una hamburguesa, papas fritas y una soda. Música pop sonaba en el ambiente y todo estaba lleno de charlas y risas. Había muchas familias aquella noche y varios grupos de amigos. La mesera le trajo su orden después de veinte minutos, ella comenzó a condimentarla como le gustaba, les puso un poco de kétchup a las papas y le dio una mordida a su hamburguesa. Mastico lentamente, tomándose su tiempo para saborear la carne jugosa. Pidió una más y otra orden de papas. Bebió su soda mirando por la ventana mientras esperaba.

-    No eres una chica de dietas, ¿O sí? - pregunto Pete sentándose frente a ella.
-    Las dietas son un gasto de energía impensable - respondió Julie dejando su vaso sobre la mesa -, además estoy hambrienta.
-    ¿Por qué estás sola otra vez? Una chica como tú no debería estar cenando sola en un pequeño y sucio restaurante.
-    ¿Por qué estás conmigo otra vez? Un chico como tú debería estar cenando en un lujoso restaurante con una hermosa chica por compañía - replico Julie. Pete sonrió.
-    ¿Cómo sabias donde iba a estar?
-    Suerte, supongo - dijo ella con desgana.
-    ¿Plantada? - Julie bufo y después negó -. No creo que alguien se atreva siquiera a pensar en dejarte plantada.
-    Te sorprenderías por lo común que eso puede ser - la mesera regreso con el platillo de Julie.
-    ¿Desean algo más?
-    ¿Podría traerme un emparedado y otra orden de papas fritas? - la camarera asintió y dio media vuelta -. Sospecho que tenemos una larga plática por delante.
-    ¿Qué hay sobre tu cita con la hermosa chica? - Pete le sonrió y dijo:
-    Ya estoy en ella - Julie no pudo evitar esbozar una sonrisa, estaba mitad avergonzada y mitad halagada por el comentario del muchacho -. Y de verdad espero que a ella no le moleste que la acompañe a cenar.

Pete le conto algunas anécdotas de su adolescencia después de que ella se negara a decirle porque estaba ahí sola comiendo hamburguesas. Ella no podía dejar de reírse y de preguntarle cosas. Después de un rato, olvido toda su tensión y su renuencia a contar cosas de su vida y le dijo algunas cosas graciosas que le habían pasado en su niñez y adolescencia. De alguna manera, Pete y Julie establecieron una conexión en ese momento. Al mirarse a los ojos, con aquellas sonrisas genuinas, ambos pudieron ver por un segundo como podrían ser sus vidas su fueran jóvenes normales. Pete no tendría que estar subordinado a las ordenes de nadie y Julie no tendría que estar buscando un lugar donde quedarse por no ser lo que los demás esperaban de ella.

Poco a poco el local comenzó a quedar vacio. Las camareras comenzaron a limpiar las mesas, ellos ya no tenían patatas ni comida, solo estaban sentados frente a frente conversando, riendo, conociéndose, agradándose. Toda esa sensación de repulsión que habían sentido el uno por el otro al conocerse se había desvanecido y ninguno se había dado cuenta.

-     Bien, creo que solo nos están esperando a nosotros para cerrar - dijo Pete -. Tal vez sea hora de irnos.
-     Si - admitió la chica dejando un par de billetes sobre la mesa -, ni siquiera te atrevas a contradecirme.
-    Ok, tranquila - bromeo él. Los chicos se pusieron de pie y salieron del local -, cielos... Ni siquiera había visto lo tarde que era.
-    Casi las once, ¿Quieres continuar platicando en algún lado?
-    Creo que es mejor que me vaya a casa - dijo la chica -, es tarde y ha sido un día muy largo.
-    ¿Puedo acompañarte? - Julie enarco una ceja -. Solo hasta la puerta.
-    Ok - tomaron un autobús y en el trayecto platicaron aun más. Ella se sentía tranquila, como aquella tarde en Lake Tahoe con Joe, incluso más. Bajaron del autobús y comenzaron a caminar por el campus hasta llegar a la puerta del dormitorio de la chica -. Esta es mi parada.
-    ¿Por qué sigues aquí? ¿No deberías estar en casa con tu familia?
-    Justo ahora mi familia y yo necesitamos un espacio. No es tan malo.
-    ¿Los extrañas?
-    A mi hermana. Pero ella está en Malibu... Estará bien.
-    ¿Tu compañera ya está dormida?
-    Ah, ella ya no vive aquí - dijo Julie introduciendo la llave en la cerradura y dando media vuelta para mirarlo cuando quito el cerrojo -. Se mudo hace un par de semanas.
-    ¿Malos entendidos?
-    No, ella solo encontró un buen lugar. Mejor que este pequeño dormitorio...- Pete se acerco a ella, demasiado. Julie miro los labios del chico y... recordó que estaba a punto de romper las reglas. Ella bajo la mirada.
-    Creo que... - musito. Pete se alejo.
-    Perdona yo... Lo lamento, fue un error - se disculpo él.
-    No, descuida. No paso nada - dijo ella intentando sonreír -, me la pase bien. Fue una linda noche.
-    Si... ¿Te veré luego?
-    Tal vez en otro restaurante - dijo Julie con una sonrisa -, o en clase de Psicología.
-    El próximo viernes, a las ocho - le dijo Pete con una enorme sonrisa -, te llevare a un lugar fabuloso.

El calor la estaba sofocando y el humo le estaba llenando los pulmones. Sentía el diario en su mano pero estaba segura de que ese era el final. Las manos de Drew la tomaron con fuerza por los hombros y la sacudieron intentando hacerla reaccionar. Su rostro estaba borroso y su voz tenía eco. El la levanto y apoyo uno de sus brazos por encima de su hombro, ella intento sostenerse de pie tanto como le fue posible. El muchacho se las ingenio para lanzar el extintor hacia el cristal, haciéndolo añicos, una ráfaga de aire les dio de lleno en el rostro haciendo que Julie pudiera reaccionar un poco. Drew no la ayudo a brincar, solo se detuvo... La imagen cambio bruscamente y ella estaba contra la pared, sintiendo como se asfixiaba y con los pies varios centímetros por encima de suelo, Drew estaba inconsciente. De repente la escena cambio y alguien más estaba ahí. Escucho un grito espeluznante y entonces el fuego creció, alguien los empujo hacia el vacio con demasiada fuerza y Julie estuvo segura de que iban a morir, sin embargo, cayeron lentamente hasta el césped lodoso.

-    De nuevo soñé con ese incendio - dijo Julie de mala gana -. No pude dormir después de eso.
-    Fue solo un recuerdo - le dijo Laura con calma.
-    No, no lo era... Todos dijeron que la doctora Korlund nos había sacado de ahí y que había muerto en la caída... Pero en mi sueño había alguien más - Laura la miro con seriedad -. Esa persona...quería asesinarla.
-    ¿Cómo era?
-    No lo sé... Todo está borroso... Es como si estuviera ciega en mi sueño - dijo ella lentamente recordando los huecos en la escena.
-    ¿Eres parte de la escena o lo ves todo desde afuera?
-    Es como si de nuevo estuviera en el incendio. Siento el calor y el humo en mis  pulmones... Y no es muy agradable.
-    Imagino que no. Dime, la tarde del incendio ¿Qué fue lo que te llevo a esa torre?
-    Un presentimiento - admitió ella -. Algo me llamaba a ese sitio. No sé cómo explicarlo...
-    ¿Encontraste algo?
-    Era la habitación de Elizabeth - dijo ella sonriendo -. ¿Qué podría haber que fuera más impactante que eso?... También encontré su diario...
-    ¿Diario?
-    Estaba escondido detrás de un cuadro, lo tome y fue cuando empezó el fuego...
-    ¿Tienes ese libro? - Julie asintió -, ¿puedo verlo?
-    Esta en Seattle. Puedo traerlo en tres días, de cualquier forma planeaba visitar a mi mama - Laura asintió -, ¿Crees que eso nos ayude? Es decir, ¿podría ese diario darnos alguna pista?
-    Es posible que sí. Cualquier cosa sobre ella puede servirnos. Lo averiguaremos cuando traigas ese libro.
-    Apuesto a que todos están ansiosos.
-    Ellos solo están esperando. Entrenan para estar en forma, no porque les haga falta.
-    ¿A qué te refieres?
-    A que sea lo que sea que venga en camino... Estamos listos para enfrentarlo - Julie sonrió y Laura asintió.
-    Sobre todo yo, que no puedo hacer gran cosa.
-    Ya hablamos sobre eso, Julie. Es solo una etapa.
-    Si fuera una etapa, ¿no crees que ya habría pasado? Es decir, ya llevo años en este mundo.
-    Todos evolucionamos a un ritmo diferente - Julie asintió y después desvió la mirada, el día estaba hermoso, la casa silenciosa y en el ambiente había una agradable sensación de paz, permanecieron calladas unos minutos hasta que ella recordó algo.
-    Hay algo más...- dijo la muchacha sin enfocar la vista -. En la puerta de la torre había un grabado... Un fénix, y esa figura está pintada en el diario y en su brazalete...
-    ¿Brazalete?
-    Nick lo encontró en el almacén un día y tiene mi nombre, o más bien el de ella y por eso me lo dio - dijo la muchacha frunciendo el ceño, había olvidado por completo el brazalete -, traeré todo en cuanto pueda - Laura sabia que esta era la oportunidad de confesarle la verdad a la joven, se lo había ganado y además, tarde o temprano lo averiguaría.
-    Kathy, al igual que yo, estuvo vigilando la academia. Ella ocupo la posición de directora en el mismo periodo en que tú entraste porque alguien tenía que cuidarte.
-    ¿De qué estás hablando?
-    Siempre te hemos estado cuidando, Julie. Y cuando supimos que entrarías a la Academia... Tener a alguien dentro se volvió necesario.
-    ¿No era suficiente contigo?
-    Necesitábamos a alguien que conociera lo que estábamos tratando - dijo Laura con calma, Julie la miro con el ceño fruncido -, yo era nueva en la vigilancia. Kathy me enseño todo lo que necesitaba en apenas dos semanas. La tarde del incendio me cedió a mí su lugar.
-    Entonces... Ella entro a la torre porque...
-    Si había alguien más aquella tarde - confirmo Laura -, en cuanto lo supo salió corriendo a tratar de detenerte pero fue demasiado tarde. Tú y Drew estaban adentro y era cuestión de segundos antes de que los asesinaran.
-    ¿Por qué no recuerdo nada? Solo sé que Drew me saco de ahí y que brincamos juntos.
-    ¿De verdad? - le pregunto ella misteriosamente -. Busca en tu interior, dime que lo que Drew te dijo y lo que tu recuerdas es lo que sucedió.
-    No... ¡Es una locura! - exclamo ella.
-    Kathy uso lo que le quedaban de fuerzas para alterar su memoria. Ni Drew ni tú recuerdan lo que paso en realidad, al menos no conscientemente.
-    El estaba ahí - comprendió Julie con horror.
-    ¿Quién?
-    Liam... - Laura la miro aterrada -. Soñé con el aquella noche en el hospital, era el mismo sueño pero lo vi a él tan claro como te veo a ti... Liam estaba aquella noche.

Julie miro la hora en su celular, Assia y Laura habían estado discutiendo por al menos hora y media. Assia había llegado ahí después de que Laura la llamara con urgencia claramente marcada en su voz y su amiga había llegado diez minutos después. De los demás no sabía nada y se sentía rara estando afuera, esperando a que ellas terminaran con su discusión. Recordó aquellas lejanas y borrosas peleas que sus padres sostenían en la cocina mientras ella y Melissa fingían jugar en el patio trasero.

-     ¿Cuánto llevas esperando? - pregunto la voz de Bella a su lado.
-    Casi dos horas - respondió ella sin inmutarse.
-    ¿Has estado aquí sentada dos horas? - Julie asintió y Bella se sentó a su lado sobre el escalón -. Podrías haber ido a comer en ese rato.
-    No tengo hambre.
-    ¿De qué están discutiendo?
-    Sobre mí.
-    ¿Hiciste algo malo? - la joven negó.
-    Solo revele algunas cosas que les hicieron replantearse varias teorías que tenían sobre la vida misma - Bella sonrió -, Elizabeth sigue siendo una novedad.
-    Hay cosas que no pasan de moda - bromeo Bella.
-    Esta lleva varios siglos siendo moda...- Julie suspiro -. Y tampoco sé que va a pasar conmigo.
-    Pase lo que pase estaré a tu lado, somos amigas, ¿no? - Julie asintió y sonrió -. ¿Has sabido algo de tu hermana?
-    Llamo anoche... Se escucha contenta. Dice que lo único malo es que tiene la piel muy irritada por el sol y el agua de mar. Fuera de eso parece que todo va bastante bien. Incluso menciono haber estado en el agua.
-    ¿No es eso a lo que uno va a la playa?
-    Ah... Le aterra el mar.
-    ¿No sabe nadar?
-    Testigo de un ataque de tiburón hace muchos años - dijo Julie tranquilamente -. Éramos apenas unas niñas... Lo vimos todo...
-    Oh por Dios - susurro Bella con terror.
-    Ella sobrevivió. Pero nunca quisimos volver al mar después de eso, ella ni siquiera podía entrar a una alberca.

La puerta se abrió a sus espaldas con un ligero rechinido. Ellas giraron su cuerpo para ver  a Assia con expresión de martirio, las chicas esperaron que ella dijera algo, sin embargo, la mujer permaneció callada, ausente, pensativa o quizá solo molesta. Assia miro a Julie inquisitivamente, preguntándose si Laura podría tener razón o si la muchacha estaría diciendo la verdad.

-     Tenemos que hablar - dijo Assia en un tono de voz bajo y extraño -. Entren a la casa - las chicas obedecieron al instante.

-    La iniciación es uno de los momentos más significativos para nosotros - comenzó Assia -, aunque es importante recalcar que aquello que nos hace poseer magia no solo está basado en este rito sino en la vivencia y la practica consciente de nuestros conocimientos. Es un proceso complejo, largo y cansado. Todos aquí ya han pasado por eso, Bella fue la más reciente y su potencial se elevo exponencialmente - Bella le sonrió con timidez pues jamás le había mencionado nada.
-    ¿Por qué nadie me dijo nada? - pregunto Julie.
-    No estabas lista - dijo Laura -, primero tenias que aceptarte. El descubrimiento es solo el primer paso hacia la iniciación, la aceptación es el segundo y la dedicación el tercero. Has llegado muy lejos y estas lista para ser iniciada.
-    ¿Qué va a cambiar?
-    Todo.
-    Pero antes debemos prepararnos - dijo Assia, los chicos asintieron -. Debemos llegar al momento del ritual con la mente despejada, libre de toda preocupación, con el cuerpo limpio y dispuesto. Yuriko prepara los instrumentos. Mike, Alex, muevan los muebles. Bella, Yuriko, ya saben que hacer - todos se pusieron en movimiento, Julie se quedo ahí de pie sin saber qué hacer.
-    ¿Por qué no subes a tomar un baño? - le propuso Laura cariñosamente -. Llena la bañera con aceite de lavanda y un  poco de sal.
-    ¿Sal? - pregunto Julie.
-    Para limpiar cualquier energía negativa que tengas - le explico -, mientras estés ahí, olvídate de tus problemas y preocupaciones, piensa en el paso que vas a dar y en tus expectativas. Bella te dará la ropa que necesitas. ¿Recuerdas el collar que te di cuando fui a visitarte? - pregunto Laura, Julie asintió -. Vamos a necesitarlo.

El agua estaba caliente, el aceite de lavanda y la sal la tornaron un poco turbia pero se relajo casi inmediatamente. Bella había puesto velas en el baño, de modo que todo estaba medio obscuro. Julie recordó que la ultima vez que había estado en una bañera había sido la noche del suicidio, después de eso había pasado casi toda su vida evitándolas, hasta este momento. Intento un largo rato hacer lo que le habían pedido pero tenía muchas cosas en la cabeza que la mantenían estresada. Opto al fin por cerrar los ojos y dejar la mente en blanco. El agua caliente le relajo los músculos hasta producirle somnolencia. Su mente se adentro en una nube blanca, un lugar donde solo existía ella. En ese lugar solo era consciente de su respiración y de la calma sobrecogedora. No existían preocupaciones, resentimientos, estrés, tristeza o cualquier otra emoción. Solo paz. Inhalo profundo, dejando que esa paz llenara cada célula de su cuerpo y cada centímetro de sus pulmones. Sus ojos se abrieron de forma automática, sin que ella se preocupase por hacerlo. Las velas casi se habían consumido y el agua ahora estaba tibia. Sobre una silla estaba una toalla purpura y sobre el respaldo de la silla se encontraba la ropa que probablemente Bella había colocado ahí.

Julie salió cuidadosamente de la bañera y envolvió su cuerpo en la toalla purpura, quito el tapón y dejo que el agua se fuera por el drenaje lentamente. Tomo las prendas y encontró un vestido blanco de un material similar al algodón, unos zapatos bajos del mismo color y una diadema de tela. Se vistió silenciosamente y se cepillo el cabello. Cuando termino, tomo el collar que Laura le había dado y bajo las escaleras.

La casa estaba a obscuras. Julie bajo las escaleras cuidadosamente y vio luz proveniente de la sala. Los muebles habían sido retirados, sobre la madera habían pintado un extraño símbolo que se asemejaba a un pentagrama, todos estaban ahí usando capas negras sobre la ropa del mismo color. Laura se acerco a ella sujetando una vela que solo lograba remarcar las cicatrices de su rostro.

-     ¿Estás lista? - le pregunto la mujer. Julie asintió.
-    ¿Por qué todos usan capas? - pregunto.
-    Es parte del ritual...
-    Siento que van a sacrificarme - musito la chica, Laura sonrió y la tomo de la mano. La llevo hasta el símbolo y la hizo quedarse ahí de pie en el centro.
-    Tienes que estar calmada - le dijo Laura -, estando dentro del circulo vas a estar segura. No importa lo que pase, ¿de acuerdo?
-    ¿Esperas que suceda algo? - pregunto Julie con cierto temor. Laura tomo el collar y se lo puso a Julie con cuidado. Los muchachos se encargaron de colocar una vela en cada esquina del pentagrama, encendiéndolas cuidadosamente.
-    El cielo está despejado, la vista de la luna es perfecta - informo Yurani entrando por la puerta trasera. Todos se colocaron alrededor de Julie y se colocaron la capucha, dejando que las sombras hicieran visibles únicamente sus bocas.
-    Consagro este círculo de poder a los antiguos Dioses; que aquí se manifiesten y bendigan a sus hijos. Te conjuro, Oh círculo de poder para que seas un límite entre el mundo de los hombres y el de los Dioses. Sé guardián y protector para preservar y contener el poder que levantaremos dentro hasta que decidamos liberarlo. Por consiguiente te bendigo y te consagro - dijo Assia con voz firme y seria -. Este es un tiempo que no es un tiempo, en un sitio que no es un sitio, en un día que no es un día; Estamos en el umbral entre dos mundos, ante el velo de los misterios. Que el Anciano de los días nos ayude y nos proteja en nuestra travesía mágica - coloco un cáliz con agua dentro del círculo y continuó diciendo -: Gran madre, bendice a esta criatura de agua a tu servicio. Haz que siempre recuerde las aguas del renacimiento en la caldera - después de eso espolvoreo un polvo verde alrededor de ella diciendo -: Bendice a esta criatura de tierra a tu servicio. Haz que siempre recuerde la tierra bendita, sus muchas formas y estados - Assia echo lo que parecía sal en el cáliz y lo levanto -. Gran madre, te rindo honor - Todos estaban callados, Julie sintió que la temperatura del ambiente aumentaba pero no dijo absolutamente nada. Assia roció el agua con sal en el borde del círculo recitando -: Con agua y sal trazo el círculo sagrado. En él se hará solo lo que me he (nos hemos) propuesto. Nada del exterior, que no sea invitado, entrará en él - Laura fue quien coloco el incienso  dentro del círculo.
-    Gran Padre, bendice a esta criatura de fuego a tu servicio. Haz que siempre recuerde el fuego sagrado que baila dentro de la forma de cada creación - el humo comenzó a elevarse en el aire, llenando los pulmones de los presentes con un fuerte olor a jazmín -. Gran Padre, bendice a esta criatura de aire a tu servicio. Haz que siempre traiga hacia mí las voces del Anciano de los días. Gran Padre, te rindo honor - todos comenzaron a caminar alrededor del circulo sin mirarla -. Los invoco, poderes de la tierra para presenciar este rito y proteger este círculo - Laura levanto las manos y dijo -: El círculo está sellado por el poder de los dioses. Que estos nos guíen y protejan.

El corazón de Julie comenzó a latir desesperadamente, dándole la sensación de que en cualquier momento iba a colapsar por el esfuerzo. Julie sintió calor en su pecho, comenzó a sudar, nadie parecía darse cuenta. El aire se volvió pesado, ella se sintió mareada. Un temblor comenzó a apoderarse de sus manos y lentamente se esparció por todo su cuerpo. La procesión continuaba y ella estaba entrando en pánico. Comenzó a ver imágenes confusas en su cabeza, pasaban a una velocidad impresionante, sin darle tiempo de distinguir nada. Una migraña comenzó a afectarla y la curiosa cicatriz en el costado de su torso comenzó a quemarle como si le hubieran puesto un hierro al rojo vivo. Ella grito y dio dos zancadas para salir del circulo pero era como si una barrera transparente se interpusiera en su camino, estaba atrapada en el circulo, quemándose viva, viendo cosas que no eran reales, golpeo la barrera invisible que la mantenía presa tratando inútilmente de salir de ahí.

En su mente escucho voces, risas, pláticas, lamentos, llanto y muchos gritos. Eran por lo menos cuatro voces diferentes, las imágenes seguían cambiando a una velocidad de vértigo. Repentinamente sintió una punzada en el pecho que fue creciendo gradualmente hasta cubrir todo su torso, causándole un dolor insoportable que su cuerpo ya no pudo resistir. Lo último que ella vio fue una cegadora luz blanca frente a sus ojos.

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